viernes, 5 de julio de 2013

Lamería lo bestial de tus rodillas






 
Erika Kuhn




como si pudiera entrar en la muerte
abrirla para entrar y salir
poner el cuerpo para que reviva a la vez
que se vaya muriendo
como una luz que se agazapa
con los ojos vivos y hermosos
entrar al cuerpo
hacer el mundo y el dolor
con una vejez menos colgándonos del párpado
con el delirio atravesado como un cuerno
de oro

entrar y salir de la muerte
sencillamente
masticar la asfixia y la distancia
que tampoco son una asfixia y una distancia
sino una gota de rocío
o amanecer agonizando de hermosura

si yo pudiera
entrar y salir de la muerte
como tu cuerpo, que es un diablo
o un sol en un plato
metería las manos
devoraría tu corazón, y tus tripas
chuparía tu sangre eterna y joven,
lamería lo bestial de tus rodillas
lo visible de las cosas de nosotros

pero hay que bajar o subir a la muerte
como si las nubes o la tierra fueran esa cosa de nosotros
y recordar lo vivo
una imagen temblando mientras
el barco es un viento felizmente ahogado
por ella y por él
y por tu sangre joven, quiero decir
nosotros

si yo fuera una asesina
escribiría poemas infinitos
o un paraíso
y que vos, siempre niño
juegues a recortar y pegar figuritas
y le inventes los instantes como si arrojaras
en mi cuerpo
una rosa con espinas
y me ardiera la hermosura de oreja a oreja

y entonces
nos volvemos a nosotros
ya triturados por todas las orillas
zurcidas por un pájaro
y me decís que Vian te saludó esta mañana
y el café, como si tal cosa
y yo no sé cuál de las dos distancias
mide menos que la muerte



Noelia Palma

miércoles, 1 de mayo de 2013

Distancia




 
Erika Kuhn


1

La distancia. Dentro o fuera.

Como una fruta mordida que zambulle mal el hueso.
Como la inocencia de haber creado un monstruo con el sabor de todas las cosas.


2

Distancia: Ternura que rompe el cuerpo

un color de la noche hablado de azul.


3

Había que hacer la distancia. Besarla blanca por sobre los huecos.

Tironeada por mil caballos de luz: anatomía dulce gestar el dolor. 



Noelia Palma

sábado, 30 de marzo de 2013

Lucía




 
Erika Kuhn


Lucía dice “rojo”. Lucía está loca y habla conmigo y me pide que la coja. Entonces voy, ella está desnuda en el sexo.



Digo rojo y me pierdo en la humedad de tus poemas clitorianos. Que tus dedos me perforen pájaros que sepan braille.



Voy a mojarte. Lengua y baba y sidra y humo. Y amor, Lucía. El amor de un poquito de sidra demi sec en la pelvis y hundir 

Ves,
la perforación siempre es la misma,
sangre alcoholizada
y después el cuerpo eyacula abandonos.
Con el braille no alcanza,
tienen razón mis
pájaros muertos en el túnel furioso.
Yo quiero que me ames
lo que dura una cucaracha sin que la vea
un viento militar
que le pertenece a los padres que se fueron,
yo quiero que me chupes los pezones.



vos amás que te flagele los labios con la lengua

Que los enrede entre los dientes

Y estire

Estiro estiro

Gritá

Gritá que me amás

gritá que amás que tu escritora preferida te retuerza hasta que llores

(yo pongo las manos sobre mi cabeza y lamo mis axilas como si en tu sexo fueran a crecerte pijitas de cristal, que resbalen en punta)



Te amo
por eso no te hago llorar
cuando mi lengua
hace girar tu clítoris en naranja y rojo
como el mundo que te violó en el jardín de las muñecas.
Por eso
te hago vomitar gatos negros en celo
y gemir unicornios en viento

y te meto mi mano con flores



Noelia Palma; Lucía Santillán

sábado, 2 de marzo de 2013

Ibidem




Erika Kuhn



Escribir. Y el centro es Erika temblando en el río, con desmesura. ¿Hace cuántos años tu corazón no te veía regresar a la niña? Yo dije hacia dentro: ahora, ¿quién vive en la muerte menos roja que la muerte? Y un balbuceo en otro idioma se abrió del párpado hasta abajo. Lloramos, y el río era un tren directo a la infancia.
Al pedazo de carne domesticado lo atravesamos con un lápiz. No es poco. Aprendimos a jugar siendo adultas, a mecer las muñecas prestadas de la pobreza. Erika sonríe, la veo escribir un poema, mientras peino el cachito de plástico rubio, el pelo pajoso.
Más tarde hubo que pedirle a la guerra un poco de vida. La infancia era ser grandes para escribir un ensayo sobre la locura. El cuerpo no es triste si está loco. El cuerpo es una niña mirándose un hueco delicado.

Erika dibuja. Yo quería decirle que a los artistas los acuna el viento, que ella vive en las ramas de un árbol joven.
Lloramos, será entonces que nos estamos arrojando por la boca y por el ojo, será que escribo donde crecen niñas frotándose un cúmulo de pájaros, en el pecho.


Noelia Palma

lunes, 4 de febrero de 2013

Darío



Erika Kuhn





A mi primo Darío, y las tardes que pasó leyendo mis poemas


Y sí, Darío

yo te dije, escribir no es el paraíso
y vos doblabas los folletitos diciendo mis poemas de memoria

después las fotocopias y mi nombre y no te importaba
desperdigar el tiempo
y las tardes eran un puñado de libros y dobleces

pero tuviste razón, siempre
el paraíso quería ser los días que sabemos


Noelia Palma

domingo, 3 de febrero de 2013

De regreso a casa




Erika Kuhn



“La música es continua
solo escuchar es intermitente”

Henry Thoreau




Era urgente gastar el silencio
regresar a casa por la palabra ojos

el pájaro dice un reflejo musical, algo
ahí hondamente

en la herida que no sufre de miedo


Noelia Palma

sábado, 19 de enero de 2013

Sin título



Erika Kuhn



para Wendy, además


Es la noche. Yo estoy diciendo que el mundo se cumple solo. Habitar lo evidente fue necesario. Sabés, el amor está en un idioma que no comprendemos. Quisimos ponerlo en jaula o domesticarlo pero el corazón no aprendió y crecía hasta asfixiarse. He leído poemas para recomponerlo mientras una música apenas enorme continuaba abriéndose como la luz. Pero la lectura hizo frío y lámparas de sol y un reino que ahora es jungla y noche. Noche es miedo. Permanecer no es quedarse, eso también es el miedo (el cuerpo da miedo en los espacios donde no se reconoce, quiero decir, dentro, por dentro hacia dentro).
Voy a ser breve. Decir “ahora” es plagiar la intimidad del tiempo y el recuerdo. Estoy tratando de clasificar los huesos que aún viven y me acompañan. Voy a ser breve: no es el acto de escribir la palabra “adiós” sino lo apasionante de concebirla en contra.


Noelia Palma